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Cerebro y resaca: los cambios que produce el alcohol a nivel de neurona


POR JOSÉ SILIÉ

SANTO DOMINGO, R.D.- La resaca es el malestar que nos produce la excesiva ingesta de alcohol, una definición muy simplista que no engloba la complejidad del término en los aspectos cerebrales y sociales.

Vivimos en una cultura donde la mayoría de las actividades sociales tienen implícitas la ingesta de alcohol. Repasemos al cerebro la acción de esa sustancia adictiva aceptada socialmente.

El alcohol es de las pocas sustancias que tiene una muy rápida absorción y, alrededor de un tercio del alcohol ingerido, pasa casi inmediatamente a la sangre a través de los pequeños capilares de las paredes del estómago.

De manera lógica, si tenemos alimentos, la absorción de ese etanol será menor, hasta llegar al hígado donde por un proceso de oxidación, se le agrega oxígeno, y se convierte en energía para ser utilizado por el organismo. Este proceso por igual, utiliza los riñones y los pulmones para su excreción, en menor cantidad. Parte de esto nos explica el tufo del día siguiente y el acrecentado orinar del que lo ingiere, acción a la que también se agrega una inhibición de la hormona antidiurética a nivel renal.

¿Cuáles son los cambios que produce ese alcohol a nivel neuronal en el cerebro? El mecanismo básico para explicar la resaca, es el hecho de que saca parte del agua que tienen las neuronas en su interior hacia el espacio extracelular, pero al fluir de manera importante al exterior, se lleva con ella potasio, sodio y otras sales minerales fundamentales para el funcionamiento neuronal.

Es la explicación de porqué luego de una noche de juergas se tiene tanta sed, pues el cerebro termina deshidratado. Ahórrese el beber grandes cantidades de agua al acostarse, el proceso continuará inmutable hasta tanto se metabolice todo el etílico circulante en el organismo, lo que se calcula, dura más de dos horas a partir de la última copa.

Tomar en exceso

Se acepta que en pequeñas dosis actúa como estimulante, pero luego de otras copas más, desminuye la tensión emocional, pero por igual se socavan todas las habilidades cognitivas cerebrales.

La sensación de euforia y bienestar iniciales con las primeras copas, se deben a que se estimula la producción de dos sustancias neurotransmisoras que tienen que ver con la felicidad y el bienestar, son la dopamina y las endorfinas, no se tiene claro cuál es el dispositivo que produce estas secreciones de sustancias que facilitan la comunicación y participan en la socialización.

Esta es la razón de por la que nos ponemos “simpaticones” y sin fatigarnos. Porque el etanol ingerido luego nos enlentece para reaccionar, hacer categorizaciones, en fin, nos deprime todas las funciones cerebrales, entorpeciendo el pensar claramente.

Pero el peligro principal ante este embotamiento es la excesiva confianza que nos da ese estado, perdemos la prudencia para racionalmente entender que nos arriesgamos innecesariamente, y somos capaces de tomar el volante de manera desaprensiva. Todo esto tiene el común denominador: el alcohol etílico, que tiene una acción similar al diazepám, incrementa la eficacia de la GABA, que es un neurotransmisor inhibidor en el cerebro; por eso nos hace menos eficientes, también nos borra la memoria.

La resaca es el resultado de un edema cerebral, por alteraciones en los compartimientos neuronales donde radica el agua del cerebro. Quien la ha padecido sabe lo insufrible de esos síntomas pulsátiles, como también debe saber que la peor resaca es la moral.

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El autor es neurólogo 

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