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OPINIÓN: El virus y el sueño (2)

23_05_2020 HOY_SABADO_230520_ Opinión6 A

Por: José Silié Ruíz

Se llama insomnio o agripnia al hecho de no poder dormir o no poder hacerlo naturalmente tanto como se quisiera. Los estudios basados en electroencefalogramas (EEG) demuestran que las personas subestiman las horas de sueño. Algunos utilizan la expresión «yo no he dormido nada» y han pasado varias horas en la inconciencia que produce el desconectarse del mundanal ruido. 

Durante la vigilia nos mantenemos despiertos y activos gracias a un neurotransmisor actuando en el centro del despertar, el ya antes mencionado Sistema Reticular Activante Ascendente (SRAA). Se trata de la noradrenalina (potente amina de la «acción»). Por la noche nos dormimos por la acción de otro neurotransmisor, la serotonina (relacionada con el sueño, la memoria, la función sexual, etc.) Esta actúa como un potente soporífero apagando el sistema reticular y por tanto haciéndonos perder la conciencia e iniciar la ruta del sopor del grato buen dormir.

El sueño normal de una noche tiene cinco etapas: la fase 1, corresponde al adormecimiento inicial; la fase 2, a la entrada real en el sueño. El durmiente, se aísla del mundo exterior, ambas fases son denominadas como sueño ligero y ocupan del 45 al 50% del ciclo de una noche de sueño normal.

Las fases 3 y 4 por su parte, corresponden al sueño profundo. La actividad eléctrica cerebral disminuye, la respiración es lenta y profunda; se produce también una atonía muscular (uno se «desmonga») y son de un 20 a un 25%. La fase 5 es la fase llamada paradójica o de ensoñación, en la que coincide la atonía muscular anterior con un rápido movimiento de los ojos, es aquella en la que usted se la acerca a alguien durmiendo en esta etapa y verá los movimientos oculares. La actividad del cerebro en esta etapa es muy rápida y de los ojos por igual. Se le llama también etapa REM, del inglés Rapid Eye Movements, o MOR en castellano. Es la etapa cuando más soñamos, es donde los sueños se presentan con vívidas características visuales y emocionales. Entre cada una de estas etapas nos despertamos unos segundos o pocos minutos y seguimos durmiendo sin darnos ni cuenta. 

Todos tenemos cuatro o cinco sueños por noche y el que generalmente recordamos es el último, es decir, el de antes de despertarnos. Ante estas circunstancias actuales con un cambio brusco del ritmo de vida y toda la carga emocional que acompaña esta circunstancia tan compleja, con sus ansiedades, estrés, angustias y partiendo de que la actitud psicológica positiva es fundamental para un sueño relajado y reparador, sin embargo, no es tan fácil dejar fuera del dormitorio a los pensamientos negativos,las tensiones emocionales dañinas que tanto abundan en estos días de pandemia,ellas no se llevan bien con el sueño y queramos o no estamos todos sometidos a situaciones estresantes que nos alteran la placidez de esa necesidad biológica, llamada sueño.

Hace un tiempo (1997, el grupo de J. Takahasi) identificaron el primer gen involucrado en el reloj biológico de los mamíferos al que se bautizó con el nombre de Clock, codifica una proteína que guarda relación con nuestro círculo circadiano (día-noche).Nuestro reloj biológico interno en el cerebro tiene una periodicidad de 25 horas, es lo que le ha permitido a la especie humana adaptarse a la rotación de la tierra.

Hay tres tipos principales de insomnio: dificultad para conciliar el sueño, despertarse durante la noche y despertarse demasiado pronto y no volvera adormir. Como vemos el sueño es un factor de vital importancia para nuestro cerebro, para nuestra salud. Esperamos que esta recién iniciada desescalada logre frutos positivos y nos permita lograr unas buenas noches. Recuerden amables lectores, no podemos desfallecer, nuestra salud emocional es importantísima e impacta nuestra salud física y mental. ¡Intentemos relajarnos y dormir en los brazos de Morfeo!

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