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La División de los Cristianos: Memoria de la Reforma Protestante


Por Rubén Moreta

El renacimiento Europeo transformó el mundo religioso, a partir de la Reforma Protestante, la primera gran cisma del catolicismo. Martin Lutero, un fraile agustino alemán, de humilde cuna, dueño de una sapiencia y personalidad sobresalientes, lideró un movimiento contestatario en el siglo XVI, que impugno la praxis católica que se había distanciado de los postulados genuinamente cristianos.

Lutero fue un crítico cerril de las indulgencias. Cuestiono con furia las bulas que desde el 1517 se emitían con el fin de recaudar fondos para la construcción de la Basílica de San Pedro. Esas bulas daban “indulgencias”, que simplemente eran beneficios espirituales de salvación a cambio de dinero. Una gran parte del dinero recaudado se enviaba al papa y la otra parte era para la orden religiosa que la había practicado.

Un aporte fundamental de Lutero fue la traducción de la biblia del latín al alemán, con lo cual masifico el conocimiento bíblico en una lengua popular. El teólogo agustino era partidario de la enseñanza del texto cristiano y que la vida de las personas se desarrollara en torno a sus designios. La reproducción del texto sagrado fue un elemento importante y de gran ayuda para que la gente contrastara la veracidad de las críticas del fraile alemán a las malas prácticas de la élite romana.

El encuadre sociohistórico de la reforma obedece a que el catolicismo dominante en el siglo XVI se había envilecido con una serie de prácticas mercuriales, que abdicaban de los valores que daban sustento a esa religión. Las críticas más ácidas Lutero las enfocaba contra la simonía o venta de cargos eclesiásticos por altas rentas al mejor postor, a la concepción de cargos a familiares o amigos dentro de la Iglesia, al abandono de las responsabilidades de la formación espiritual de los feligreses y al alejamiento de la jerarquía eclesial del mandato de Dios, olvidándose de los pobres y dedicándose a vivir entre los ricos.

Otras de las causales de la reforma fue la concentración de cargos por un solo dignatario, que podía ser obispo y abad de un monasterio; la relajación de las costumbres del alto y bajo credo, al tener practicas alejadas de los valores éticos y morales; la falta de formación de los clericós, la postura intransigente de la Iglesia, entre muchos otros factores.

El epicentro de la Reforma Protestante fue la pequeña ciudad de Wittenberg, donde ejercia su sacerdocio el monje. Lutero resumió sus críticas en noventa y cinco tesis, que publicó clavándolas en el templo de esa reducida población alemana. 

El movimiento liderado por Martin Lutero muto en otros lugares: en Francia, Juan Calvino se alzó en contra de los postulados papales. El calvinismo se extendió por Suiza, los Países Bajos, Inglaterra, Francia y parte de Alemania. 

En Inglaterra, el Rey Enrique VIII se encargó de quebrar el reinado del catolicismo, a partir del 1534. Enrique VIII se erigió en la única autoridad de la iglesia de Inglaterra, Irlanda y Gales, expropiando los bienes católicos, aunque siguiendo las doctrinas defendidas por Roma. Conceptualmente, el anglicanismo solo se diferenciaba del catolicismo en qué lugar de obedecer a Roma obedecía al rey inglés.

La Reforma Protestante generó una gran crisis religiosa del siglo XVI, dando origen a multiplicidad de denominaciones cristianas. Esa atomización de la fe cristiana y de ese paradigma religioso en general, prosigue cinco siglos después.


El autor es Profesor UASD.

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