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OPINION: Hostos y la verdadera revolución educativa

El autor es Profesor UASD.
Por RUBÉN MORETA

El pasado 11 de enero se conmemoró el ciento setenta y ocho aniversario del natalicio del insigne educador Eugenio María de Hostos, quien desarrolló la obra pedagógica más fecunda, de mayor calado y la verdadera revolución educativa de la República Dominicana.
La acción magisterial y política de Hostos está escrita con tinta indeleble en los anales de la Historia Social, la Pedagogía, la Moral, el periodismo, la Filosofía, el Derecho y la   Sociología.

Hostos nació en Mayagüez, Puerto Rico,  el 11 de enero del 1839.  Hijo de María Hilaria de Bonilla y Cintrón y Eugenio de Hostos y Rodríguez.  Tenía ascendencia dominicana, ya que su abuela Altagracia Rodríguez era una criolla que había emigrado a Puerto Rico. Desarrolló su educación primaria en el Liceo de San Juan,  a partir del 1847.  Su peregrinar se inició en el 1855 cuando viajó a Bilbao, España a terminar los estudios secundarios.  En el 1858 ingresó a las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid.  En el viejo continente, además de desarrollar sus estudios universitarios, Hostos impulsó una vigorosa campaña por la libertad e independencia de Puerto Rico y Cuba, ultimas colonias de España  en el caribe.  El gran maestro de américa permaneció en España, con intermitentes retornos a Puerto Rico, hasta el 1869.  Ese año visitó Nueva York, donde sostuvo su primer encuentro con el prócer Ramón Emeterio Betances, con quien luego se encuentra en nuestro país. 

En el año 1870,  el Maestro de América viajó por Colombia, Panamá y Perú.  Se radicó en Perú en el 1871, y allí fundó el periódico La Patria y creó la Sociedad de Auxilios para Cuba y la de Amantes del Saber.  En diciembre de ese año viajo a Chile, donde se instaló hasta el 1873, prosiguiendo su campaña por la libertad de Puerto Rico y Cuba.  Su peregrinar siguió por Argentina, Brasil, Nueva York, Boston y Saint Thomas.

El iluminado Maestro estuvo radicado en cuatro ocasiones en la República Dominicana.  Su primera visita al país fue el 30 de mayo del 1875.  Se transportó en el vapor norteamericano Tybee, el cual abordó en Nueva York. Se instaló en Puerto Plata, donde forjó una sólida amistad con el prócer Restaurador de la Republica, General Gregorio Luperón, con Segundo Imbert, Federico Henríquez y Carvajal y otras figuras prominentes de la vida política.  En su primera estada en suelo quisqueyano creó los periódicos Las Tres Antillas, Los Antillanos y colaboró en el periódico Las Dos Antillas. 

En 1876 Hostos fundó la Sociedad La Educadora y parte de nuestro país con destino a Venezuela, donde inicia su obra  educativa.  En el 1878 regresó a Republica Dominicana, por un breve período.  Volvió al país al año siguiente, en 1879, permaneciendo esta vez nueve años seguidos -hasta el 1888-, dejando su impronta  en el desarrollo y sistematización de la educación racional.

En el 1880 Hostos funda y dirige la primera Escuela Normal del país y dicta cátedras de Derecho y Economía Política en el Instituto Profesional, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo.  En el 1881 el Conspicuo Maestro fundó la Escuela Normal de Santiago de los Caballeros.

La primera graduación de Maestros Normalistas se hizo en 1884 y la segunda promoción en el 1886.  Salieron de sus aulas figuras como don Félix Evaristo Mejía, Francisco J Peinado, Arturo Grullón, Federico Velásquez, entre otros notabilísimos educadores, quienes realizaron a posteriori una fecunda labor instruccional.

En el 1888 fundó la Escuela Nocturna para la clase obrera en Santo Domingo.  Ese mismo año, empujado por la sinrazón del régimen despótico de Ulises Heureaux, otra vez su peregrinar va a continuar  a Sudamérica, especialmente en Chile, a donde permaneció hasta el 1898, desarrollado una refulgente obra educativa y una gran  producción intelectual. 

El maestro Eugenio María de Hostos permaneció ausente de la República Dominicana durante doce largos años, concretamente entre 1888 al 1900.  Entre el 1898  y el 1899 estuvo en Puerto Rico en trabajos pedagógicos y de agitación revolucionaria, hasta que fue llamado en el año 1900 por el Presidente Juan Isidro Jiménez, para reorganizar el sistema educativo de la República Dominicana, con el cargo de Inspector General de Enseñanza Pública. 

Además de su puesto de Director  de Enseñanza, fungía como Director de la Escuela Normal de Santo Domingo, institución que había fundado veinte años antes.

Hostos fue un peregrino del saber racional que caminó los confines del  continente latinoamericano esparciendo esperanza y sueños de emancipación. El Maestro Antillanista fue un sembrador de la crítica y la razón; un moralista acrisolado; el procero cultor de la emancipación y el más genuino profeta de la concienciación a través de la escuela, que se atrevió a denunciar  la esterilidad del dogma religioso en los procesos educativos, a renegar de la influencia del catolicismo en el mundo escolar y a proponer una escuela laica.

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